¿Cuántas veces escuchamos al día la palabra “coronavirus”?. Para cada uno de nosotros ese término viene acompañado de una carga de pensamientos, actitudes y emociones diferentes, sin embargo, nuestros comportamientos en las situaciones de emergencia social a gran escala tienden a seguir la pauta del grupo. Y bien, en este caso, ¿Cómo estamos actuando?. Este pequeño artículo resume algunas de las razones de porque se ha generado la histeria social, cuáles han sido los mejores mecanismos de concienciación y que puede aportar la ingeniería social para reducir el problema.

La histeria social

El día 31 de Enero de 2020 se registra el primer caso de coronavirus en España. Este incidente acapara los noticiarios a nivel nacional y supone algo perturbante pero anecdótico para nuestra rutina diaria. A partir del 28 de Febrero de 2020 el número de afectados comienza su aumento y la preocupación por el contagio aumenta. El virus pasa a formar parte de nuestros pensamientos recurrentes. Pero podemos llegar a preguntarnos por qué con 40 afectados comenzó a darse el fenómeno de histeria colectiva y el consumo excesivo de víveres en los supermercados, en lugar de comenzar de forma progresiva acompañando al ascenso de afectados por el virus.

Este fenómeno se debe a que las personas no percibimos las escalas numéricas y fenómenos naturales en base a una escala objetiva, sino a una logarítmica.

No hay texto alternativo para esta imagen

Tal y como muestra la gráfica anterior, nuestra preocupación del problema aumentó considerablemente cuando comenzaron a darse los primeros casos en España. A medida que aumentaban los afectados, nuestra percepción del riesgo aumentaba de forma exponencial. Los efectos de tal histeria son los que todos conocemos: supermercados saturados y gente con bolsas en la cabeza. Sin embargo, tal y como muestra el gráfico, la preocupación social no va a aumentar con el número de casos, sino que se va a mantener en unos niveles estables a pesar de que el número de afectados se va a disparar en las próximas semanas. Esto se debe principalmente a dos procesos mentales: [1]

  • No valoramos una amenaza en términos numéricos sino en términos difusos, es decir: “estoy seguro”, “estoy en peligro” o “estoy en peligro serio”. En España, actualmente la mayoría de la población se encuentra entre las dos últimas etiquetas.
  • No lidiamos bien con la posibilidad: el comenzar a tener un 1% de probabilidad de ser infectados nos induce a una percepción de riesgo desproporcionado, aumentando de esta forma hasta que se aplana de manera similar a la curva de la gráfica.

Por supuesto, a esto hay que añadir los repuntes producidos por las medidas acordadas en el plano político, tales como el cierre de colegios, la cuarentena de ciudades o el establecimiento del estado de alarma. Con vistas al futuro, la histeria colectiva no durará más de una semana, puesto que una vez llegados a su pico de estabilidad, esta se mantendrá y reducirá paulatinamente. Lo que sí aumentarán serán otro tipo de fenómenos sociales entorno a la asistencia médica, donde las emociones generarán conflictos, bloqueos de los trabajadores y muchas conductas desesperadas.

El papel higiénico y el coronavirus

¿Por qué se agotan los rollos de papel higiénico en los supermercados?

Aunque pueda parecer un fenómeno social complejo y extraño, comprar papel higiénico responde a principios bien asentados en el campo de la psicología social: [2]

  • La escasez y el precio: nuestra percepción del valor de un determinado bien está relacionado con su escasez y al ver fotografías de estanterías completamente vacías de este producto nuestra mente realizó el siguiente cálculo heurístico:

No hay texto alternativo para esta imagen

  • Norma social: muchas de nuestras decisiones se basan en lo que hace la mayoría. Este principio como muchos de los enunciados en el artículo tiene una profunda raíz psico-biológica con una clara función de supervivencia. Es lo que se denomina pensamiento colectivo y nos influye de forma considerable en nuestro día a día, más aún en una situación de crisis sanitaria. Si los demás están comprando papel higiénico deben de estar haciéndolo por alguna razón.

Concienciación de la población: ¿Qué está funcionando?

Con una evolución exponencial en el número de infectados resulta existencial establecer medidas de contingencia ante el virus: reducir las actividades sociales, medidas de higiene individual, salir de casa lo imprescindible, espera, somos españoles. Tenemos un problema.

La concienciación de la población supone uno de los principales pilares de la lucha a nivel mundial, pero ¿Cómo se puede convencer a los españoles de que se cumplan este tipo de medidas?

Los consejos por parte del sector político dan una primera alerta sobre la magnitud del problema y un sector de la población ha interiorizado muchas de sus indicaciones, pero para el español común este tipo de comparecencias se alejan de su rutina, sus problemas, su vida. No obstante, lo que sí ha resultado sumamente efectivo son los mensajes de concienciación en redes emitidos por parte de los profesionales de la salud. Tal capacidad de convicción se debe a un conjunto de factores:

  • Emisor: los testimonios de expertos tienen mayor capacidad de convicción para la persona que carece de tales conocimientos y a la vez genera un halo de autoridad [2]. Además, son los principales implicados en su contención, lo que les proporciona un estatus superior en tales circunstancias.
  • Medio: la difusión de los mensajes se producen por medios de comunicación informales como Whatsapp o Twitter generando un mensaje más cercano. La mayoría de ellos son reenviados por personas de nuestro círculo cercano, lo que genera influencia grupal sobre el individuo. [3]
  • Mensaje: muchos de los mensajes se transmitían en forma de audio lo que fomentaba la percepción de realidad y veracidad del testimonio. Además, se está usando mecanismos de difusión colectiva como el hashtag #YoMeQuedoEnCasa, lo que permite acaparar mayor espectro comunicativo y genera la sensación de pertenencia a un movimiento colectivo.

No hay texto alternativo para esta imagen

Una de las lecciones de la crisis sanitaria es esta: la concienciación informal basada en la transmisión de testimonios por redes de comunicación informales funciona.

Cuidado con confiarse

Como ya hemos visto, nuestra valoración del riesgo es un tanto especial. No solo se sigue una escala distorsionada de la realidad para reducir su exposición a potenciales amenazas sino que la sensación de seguridad también le afecta, en este caso de forma contraria.

Una vez nos mantengamos en casa podemos tender a olvidar lavarnos las manos, volver a reunirnos con nuestros vínculos sociales y en definitiva, hacer todo lo que nos han recomendado encarecidamente no hacer. ¿Por qué? Como sabemos, la histeria social no durará más de una semana aproximadamente y tras ese periodo la gente volverá a tener una percepción del riesgo algo reducida. Esta reducción puede ser positiva en cuanto al manejo del sistema social y sanitario pero corremos el peligro de caer en la paradoja de la seguridad.

Cuando nos sentimos seguros estamos más abiertos a cometer actos de riesgo. Por ejemplo, al usar mascarilla podemos decidir ir en metro cuando sin ella no lo hubiéramos hecho o podemos decidir salir a tomar algo con nuestros amigos al ser de un grupo social al que la enfermedad tiene poco impacto [4]. Este tipo de conductas son las que se deben de evitar, y de forma mucho más concienzuda cuando se den los primeros signos de la reducción en la curva de casos.

Moraleja: ten cuidado con confiarte en estos casos. De nuestra actuación individual depende la expansión del virus.

La conclusión

Comenzamos con una pregunta ¿Cómo estamos actuando?. La respuesta es simple: como cabría de esperar. Esta crisis sanitaria nos está enseñando lo mucho que sabemos sobre el comportamiento colectivo y todo lo que nos queda por aprender. Pregúntate: ¿Estoy incurriendo en algo de lo expuesto en este artículo? Estoy casi seguro de que la respuesta es que sí.

Bibliografía

[1] Kahneman, D., & Tversky, A. (2013). Choices, values, and frames. Handbook of the fundamentals of financial decision making: Part I (pp. 269-278).

[2] Cialdini, Robert B. (1993). “Influence :the psychology of persuasion” New York : Morrow.

[3] Fennis y Stroebe. (2010). “The Psychology of Advertising”. Psychology Press.

[4] Wilde, G. J. (1982). “The theory of risk homeostasis: implications for safety and health”. Risk analysis, 2(4), 209-225.

Miguel Ángel Liébanas Ortega

Ingeniero social – Data Scientist

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *